Me llega un mail donde el Altanochero pide a una banda de letrosos que mencionen dos libros sonorenses que recordemos, uno anterior al 2000 y otro que sea del 2000 a la fecha y si pudieramos escriberamos algo. Yo estaba escribendo la memoria del master y estaba algo atorado asi que me tome un tiempo para escribir otra cosa y esto salio.
De la sierra a la ciudad: Recordando a un dramaturgo que no cuenta como escritor y la novela de un insolente que quien sabe si vuelva a escribir.
I
Cuesta trabajo hablar de libros sonorenses publicados antes del 2000 debido a que desde hace un par de año el ISC comenzó a tomarse en serio la publicación de las obras ganadoras del concurso sonorense del libro. Desafortunadamente para un estado que cuenta con una nula industria editorial y que aquellos que se atreven a publicar algo parecido a un libro se topan con la apatía de los posibles lectores o la mafia de las capillitas literarias, las publicaciones del ISC son el medio más eficaz para que un autor sonorense de a conocer su obra. Sin embargo estas publicaciones no tienen la difusión necesaria para mantenerse circulando más de 6 o 7 años y las que no sean recientes están destinadas a empolillarse en alguna bodega. Por esto hablar de libros sonorenses antes del 2000 es hablar de autores de la talla de Abigael Bohórquez, Luis Enrique García, Edmundo Valadez, Miguel Mendez, Gerardo Cornejo, o en el caso más chovinista del poeta de la plaza del arbolito. De ellos pocas de sus obras se han reeditado y con trabajo se leen en la Universidad, pero aun así siempre habrá alguien que los recuerde mejor.
Por esto prefiero recordar a Sergio Galindo, un autor que muchos ni siquiera consideran escritor tal vez por el menosprecio de los “intelectuales” locales por el género dramático o porque en su teatro los personajes hablan como los tatas de todos. Cierto que retrata un Sonora que no corresponde al de la realidad de Hermosillo, Nogales, Obregon, etc.; que las historias narradas son las de esos pueblos de la sierra con los que nadie que intente creerse cosmopolita quiere identificarse y que el humor de los Güevos Rancheros da pena ajena porque son la caricatura más cruda de eso con lo que no queremos que nos asocien. Pero aun con todo eso, quien no se siente orgulloso del Choby y su dicho “arriba el norte y si no me cree mire el mapa”; quien no ha tenido que llevar a un pariente a ver los Güevos Rancheros Navideños y quien no se conmueve cuando ve que en Más encima el cielo el personaje principal le menta la madre a todos los “pinches guachos”. En ese sentido creo que Sergio Galindo como buen escritor dramático y director de teatro ha sido capaz de retratar lo más profundo del espíritu y la cultura del sonorense, ganándose el odio de algunas capillitas intelectuales y el reconocimiento de quienes no envidian el éxito de los otros
De sus obras, quitando el éxito comercial de los Güevos Rancheros, los cuales sobresalen por si solos, con o sin critica de los snobs; destaco la trilogía de Agua pasa por mi casa, Más encima le cielo y El ultimo vaquero, que tocan el tema histórico de los pueblos inundados (Suaqui, Tepupa y Batuc) por la presa Plutarco Elías Calles en 1962. Estas tres obras no solo son el registro artístico mejor logrado de una de las grandes injusticias cometidas por el Estado en contra del pueblo sonorense; también es uno de los mejores homenajes que el arte puede hacerle a una época y a uno de los modos de vida de nuestra cultura. En su valor literario o dramatúrgico, con esta trilogía, Sergio lleva al dramaturgia regional o costumbrista a su nivel más alto en el noroeste del país.
La otra obra que se ha vuelto indispensable en la carrera de Sergio es la Siembra del muerto, en donde continuando con la atmosfera de los pueblos de la sierra, experimenta con técnicas dramáticas que le dan frescura a su discurso y vuelven atractivo su teatro al público más joven. Con un “thriller” donde se critica la corrupción en el gobierno y en la administración de la justicia. En este sentido Sergio a pesar de ser de otro siglo, sigue siendo un autor que busca mantenerse vigente, tal vez más que aquellos que aun no tienen sus tablas.
I
Cuesta trabajo hablar de libros sonorenses publicados antes del 2000 debido a que desde hace un par de año el ISC comenzó a tomarse en serio la publicación de las obras ganadoras del concurso sonorense del libro. Desafortunadamente para un estado que cuenta con una nula industria editorial y que aquellos que se atreven a publicar algo parecido a un libro se topan con la apatía de los posibles lectores o la mafia de las capillitas literarias, las publicaciones del ISC son el medio más eficaz para que un autor sonorense de a conocer su obra. Sin embargo estas publicaciones no tienen la difusión necesaria para mantenerse circulando más de 6 o 7 años y las que no sean recientes están destinadas a empolillarse en alguna bodega. Por esto hablar de libros sonorenses antes del 2000 es hablar de autores de la talla de Abigael Bohórquez, Luis Enrique García, Edmundo Valadez, Miguel Mendez, Gerardo Cornejo, o en el caso más chovinista del poeta de la plaza del arbolito. De ellos pocas de sus obras se han reeditado y con trabajo se leen en la Universidad, pero aun así siempre habrá alguien que los recuerde mejor.
Por esto prefiero recordar a Sergio Galindo, un autor que muchos ni siquiera consideran escritor tal vez por el menosprecio de los “intelectuales” locales por el género dramático o porque en su teatro los personajes hablan como los tatas de todos. Cierto que retrata un Sonora que no corresponde al de la realidad de Hermosillo, Nogales, Obregon, etc.; que las historias narradas son las de esos pueblos de la sierra con los que nadie que intente creerse cosmopolita quiere identificarse y que el humor de los Güevos Rancheros da pena ajena porque son la caricatura más cruda de eso con lo que no queremos que nos asocien. Pero aun con todo eso, quien no se siente orgulloso del Choby y su dicho “arriba el norte y si no me cree mire el mapa”; quien no ha tenido que llevar a un pariente a ver los Güevos Rancheros Navideños y quien no se conmueve cuando ve que en Más encima el cielo el personaje principal le menta la madre a todos los “pinches guachos”. En ese sentido creo que Sergio Galindo como buen escritor dramático y director de teatro ha sido capaz de retratar lo más profundo del espíritu y la cultura del sonorense, ganándose el odio de algunas capillitas intelectuales y el reconocimiento de quienes no envidian el éxito de los otros

De sus obras, quitando el éxito comercial de los Güevos Rancheros, los cuales sobresalen por si solos, con o sin critica de los snobs; destaco la trilogía de Agua pasa por mi casa, Más encima le cielo y El ultimo vaquero, que tocan el tema histórico de los pueblos inundados (Suaqui, Tepupa y Batuc) por la presa Plutarco Elías Calles en 1962. Estas tres obras no solo son el registro artístico mejor logrado de una de las grandes injusticias cometidas por el Estado en contra del pueblo sonorense; también es uno de los mejores homenajes que el arte puede hacerle a una época y a uno de los modos de vida de nuestra cultura. En su valor literario o dramatúrgico, con esta trilogía, Sergio lleva al dramaturgia regional o costumbrista a su nivel más alto en el noroeste del país.
La otra obra que se ha vuelto indispensable en la carrera de Sergio es la Siembra del muerto, en donde continuando con la atmosfera de los pueblos de la sierra, experimenta con técnicas dramáticas que le dan frescura a su discurso y vuelven atractivo su teatro al público más joven. Con un “thriller” donde se critica la corrupción en el gobierno y en la administración de la justicia. En este sentido Sergio a pesar de ser de otro siglo, sigue siendo un autor que busca mantenerse vigente, tal vez más que aquellos que aun no tienen sus tablas.
II

Siglo XXI, muchos queremos ser escritores y retratar nuestras nueva realidad postmoderna en Sonora, renegando de nuestro entorno… Los que estudiamos letras, artes plásticas, comunicación y demás rarezas sin futuro nos movemos gracias a la ebullición de las hormonas y a esa necesidad inseparable de la edad por posicionarnos en nuestro lugar en el mundo con una opinión y una insolencia de: “yo si sé cómo se deben de hacer las cosas”. Empezamos a publicar revistas a lo bárbaro; formamos varias capillitas, apadrinadas por viejas capillitas y como por arte de magia descubrimos que todos los caminos llevan al pluma. Pero la realidad nos ha estado saboteando los planes de volvernos los escritores y los intelectuales que este estado necesitan. Tal vez sean los Valores Sonora o el Sonora Proyecta de Bours que generan una inestabilidad y un vacio nefastos para la sincera creación literaria y el desarrollo intelectual o que aun nos hace falta madurar, crecer, viajar y conocer mundo; quizás también sea una combinación de las dos opciones anteriores o que nos han faltado el valor y la disciplina para sentarnos a escribir en serio. Aun así, en este panorama un desconocido por el medio de las capillitas literarias gana en el género de novela el concurso del libro sonorense en el 2006. Es un tal Gerardo Hernandez Jacobo que nació en Navojoa, creció en Huatabampo, Hermosillo y Guadalajara y que según me conto el Iván Figueroa, quien estuvo encargado de la publicación de su libro: “el bato bien aca, como si no le importara, dijo que estaba escribiendo otro libro pero que no sabía que pedo”.
La novela de este desconocido, Dos píldoras azules, está lejos de ser la gran obra que todos los de una generación de revisteros soñamos escribir. En la primera parte las voces narrativas se confunden, incluso llega a ser tedioso y soso, pero conforme se avanza la trama empieza a volverse interesante, los personajes cobran vida y las atmosferas se vuelven creíbles. Podría decirse que pasando el primer tercio los dos tercios restantes son un excelente relato largo. El tema es un ajuste de cuentas en una ciudad consumida por la corrupción en todos los niveles, el sexo, las drogas están a la orden del día. Es una novela donde no hay héroes ingenuos sino antihéroes humanos, que de alguna manera proyectan como somos en y como vivimos los del desierto. Quizás nuestro desconocido no se convierta en el escritor de una generación de revisteros pretenciosos, pero su insolencia lo llevo a escribir una novela que vale la pena leer y reconocer como la primera de una generación que aun no ha podido tener una producción literaria interesante y verdaderamente propositiva.

4 comments:
Qué panorama tan desolador
A mi no me parece desolador, me parece que intento ser coherente y honesto. Y si el paisaje se parece a lo que describo, creo que es producto de una serie de circunstancias, economicas, culturales, sociales, historicas geograficas y ecologicas.
Qué triste haber quedado como un insolente, aún frente a cuadros letrosos que la verdad me importan dos carajos; pero dar una impresión de abulia o desidia hacia una profesión que respeto profundamente me resulta incómodo.
La verdad es que mi novela ganó ese concurso porque no había nada más que valiera la pena para hacerle frente. Si los "escritores serios y comprometidos" que ha generado la unison (sí, es sarcasmo) se pusieran a trabajar en lugar de pasársela tomando cahuamas y quemando mota en el plumablanca, yo hubiera perdido y no estaría publicando en los lugares que estoy publicando.
Es como dijo Colón hace muchísimo tiempo: Cualquiera hubiera podido hacerlo, pero lo hice yo.
Saludos, gracias por comentar mi novela, fue enriquecedor.
La unison esta incapacitada en generar escritores por varias razones: se enfoca en formar literatos (personas pseudosabiondas en temas literarios) y no le interesa impulsar la creacion literaria; el talento no se enseña; los que no se quieren sujetar a las normas del convento tienen dos opciones, ser segregados o terminar en el pluma y por ultimo a diferencia de la escuela de fisica de la unison, en letras al igual que en la mayoria de las escuelas de la universidad les da por premiar la mediocridad y el conformismo todo por mantener un regimen chobinista. Esto ultimo podra ocacionar una oleada de cyberataques a este jodido blog por los que yo llamo emoblogueros letrosos. En fin monitor me dio gusto que leyera mi comentario sobre tu novela.
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