A: Sr. JUEZ RAÚL MARTÍNEZ MARTÍNEZ
Me dirijo a usted Sr. JUEZ RAÚL MARTÍNEZ MARTÍNEZ desde el Atlántico en un vuelo a Barcelona. Soy un estudiante de doctorado que creció en Hermosillo pero que por desgracia no desea volver a vivir en la ciudad que lo vio crecer. El año pasado, después de haber terminado mis estudios en la Universidad de Barcelona, regrese a Hermosillo, lo hice el mismo día en el cual 49 niños murieron por la negligencia de unos cuantos beneficiados por la clase política. Mi madre al verme en la estación de autobuses ni si quiera me dijo “hola hijo” me dijo “se quemo una guardería con más de doscientos niños dentro”. De esta manera mi estancia en Hermosillo quedó marcada y con esto mis reflexiones y mi toma de decisiones ante las ofertas que empecé a tener.
Yo no vote en estas elecciones porque creo que esa fue mi mejor forma de votar. Ninguna de las opciones me representaba, pero también ni el voto nulo del cual tanto se hablo me convenció, simple y sencillamente porque a estas alturas votar implica validar un sistema estamentario que se presume como democrático. En nuestro país no existe la democracia. Retrocedimos en la historia y estamos en nuestra propia edad media, en la cual una clase política esta apoderada de todos los poderes del Estado. Por este motivo, participar como ciudadano en el festival democrático de las votaciones es validar que este estamento social de la clase político continúe abusando de esa condición de nacimiento que le da el haber nacido en esa clase social privilegiada. Por este motivo mi indignación, si llega tener algún tinte político, no es el del politiquero, es el del ciudadano global que intenta rescatar la verdadera política en el país que lo vio crecer. Para este punto es preciso diferenciar entre política y politiquería. Desafortunadamente en nuestra lengua no se hace la misma distinción como en el ingles entre “politician” y “political” provocando quizás un mal entendimiento de lo que es la política como un proceso en el cual una sociedad se organiza para la distribución equitativa y justa del poder, por lo contrario se termina creyendo que ésta es el reality show de las elecciones de cada tres años o eso que justifica porque el hijo de fulanito se queda con la beca o el trabajo para el cual no está capacitado. En este sentido se debe rescatar a la verdadera política si se quiere rescatar a nuestra sociedad y para eso es preciso deshacernos de la politiquería que sostiene el estamento de la clase política.
La indignación que me lleva a escribir esta carta, más que estar cargada de cierto fastidio provocado por nuestra sociedad - la cual ha permitido que en su desarrollo histórico en vez de avanzar, retrocede otra vez al caciquismo o peor aún, a la edad media - esta motivada por la decepción de ver que en ésta, al retroceder en el transcurri de la historia, los valores de la familia en vez de evolucionar a los de una era postmoderna, se convierten en la caricatura mal entendida de los valores familiares del obscurantismo europeo. Antes de tomar el avión a Barcelona platique con mi madre de mi estancia en Hermosillo. “Lo que no puedo creer es que ya me estaba empezando a acostumbrar otra vez a vivir aquí.” “¿A qué te refieres con eso?” “Que otra vez me empezaba a parecer normal las mordidas, la corrupción, la negligencia, dejar todo a lo último, a cómo se vive aquí.” “Pues qué bueno que te vas y espero que te quedes por esos rumbos para que cuando tengas hijos no crezcan con los valores de esta sociedad” Es increíble que ahora los padres les pidan a sus hijos que estén lejos. Pero qué podemos esperar cuando la sociedad hermosillense ha generado un ambiente en el cual tener familia es un lujo o donde las familias de la clase media y trabajadora son expuestas al fuego accidental del descuido de aquellos que si tienen para costearse guarderías particulares donde los extinguidores no faltan y están ubicados en lugares seguros. Clasificar el delito como homicidio culposo es aceptar que en esta sociedad la vida de los niños de este estamento social de la clase política valen más que la de los hijos de los obreros y por lo tanto seguir retrocediendo en la historia. Lo que sucedió en Hermosillo el 5 de junio del año pasado es un homicidio grave, porque aunque no sea planeado, porque qué empresario quiere mala publicidad para su negocio, si fue cometido con desprecio; con el mismo desprecio que en los Estados Unidos se usaba para separa las escuelas de blancos y las de negros, dándole a los segundos las peores instalaciones donde cualquier accidente pudiera suceder. En este sentido permitir que los negligentes culpables de esta tragedia salgan por unos dos mil pesos de fianza es minimizar la magnitud no solo de la tragedia sino también la decadencia de valores a la que ha caído nuestra sociedad.
Sé que probablemente usted pertenezca a esta clase estamentaria privilegiada por la clase política y que bajo el discurso de que vivimos en un Estado de Derecho se justifica para darle a los responsables del accidente un veredicto en el cual su delito se clasifique como culposo. Por eso le hago las siguientes preguntas: ¿Qué Estado de Derecho real permite la existencia de estamentos sociales como en la edad media? ¿En qué Estado de Derecho existe una clase social privilegiada que ésta por encima de la ley? En este sentido apelo a su ética, a su moralidad - entiéndase moralidad no como esa serie de normas sociales de las señoras que salen en la sección de sociales de El Imparcial posando para la foto de baby shower, sino como la serie de conductas que marcan los limites de las acciones de los individuos para poder convivir en sociedad- y a su inteligencia para poder entender que es momento de hacer cambios en nuestra manera de interpretar las leyes y que en esta ocasión apegarse al librito es darle la espalda a la sociedad, a la historia y a lo que tenemos de humanos.
Me dirijo a usted Sr. JUEZ RAÚL MARTÍNEZ MARTÍNEZ desde el Atlántico en un vuelo a Barcelona. Soy un estudiante de doctorado que creció en Hermosillo pero que por desgracia no desea volver a vivir en la ciudad que lo vio crecer. El año pasado, después de haber terminado mis estudios en la Universidad de Barcelona, regrese a Hermosillo, lo hice el mismo día en el cual 49 niños murieron por la negligencia de unos cuantos beneficiados por la clase política. Mi madre al verme en la estación de autobuses ni si quiera me dijo “hola hijo” me dijo “se quemo una guardería con más de doscientos niños dentro”. De esta manera mi estancia en Hermosillo quedó marcada y con esto mis reflexiones y mi toma de decisiones ante las ofertas que empecé a tener.
Yo no vote en estas elecciones porque creo que esa fue mi mejor forma de votar. Ninguna de las opciones me representaba, pero también ni el voto nulo del cual tanto se hablo me convenció, simple y sencillamente porque a estas alturas votar implica validar un sistema estamentario que se presume como democrático. En nuestro país no existe la democracia. Retrocedimos en la historia y estamos en nuestra propia edad media, en la cual una clase política esta apoderada de todos los poderes del Estado. Por este motivo, participar como ciudadano en el festival democrático de las votaciones es validar que este estamento social de la clase político continúe abusando de esa condición de nacimiento que le da el haber nacido en esa clase social privilegiada. Por este motivo mi indignación, si llega tener algún tinte político, no es el del politiquero, es el del ciudadano global que intenta rescatar la verdadera política en el país que lo vio crecer. Para este punto es preciso diferenciar entre política y politiquería. Desafortunadamente en nuestra lengua no se hace la misma distinción como en el ingles entre “politician” y “political” provocando quizás un mal entendimiento de lo que es la política como un proceso en el cual una sociedad se organiza para la distribución equitativa y justa del poder, por lo contrario se termina creyendo que ésta es el reality show de las elecciones de cada tres años o eso que justifica porque el hijo de fulanito se queda con la beca o el trabajo para el cual no está capacitado. En este sentido se debe rescatar a la verdadera política si se quiere rescatar a nuestra sociedad y para eso es preciso deshacernos de la politiquería que sostiene el estamento de la clase política.
La indignación que me lleva a escribir esta carta, más que estar cargada de cierto fastidio provocado por nuestra sociedad - la cual ha permitido que en su desarrollo histórico en vez de avanzar, retrocede otra vez al caciquismo o peor aún, a la edad media - esta motivada por la decepción de ver que en ésta, al retroceder en el transcurri de la historia, los valores de la familia en vez de evolucionar a los de una era postmoderna, se convierten en la caricatura mal entendida de los valores familiares del obscurantismo europeo. Antes de tomar el avión a Barcelona platique con mi madre de mi estancia en Hermosillo. “Lo que no puedo creer es que ya me estaba empezando a acostumbrar otra vez a vivir aquí.” “¿A qué te refieres con eso?” “Que otra vez me empezaba a parecer normal las mordidas, la corrupción, la negligencia, dejar todo a lo último, a cómo se vive aquí.” “Pues qué bueno que te vas y espero que te quedes por esos rumbos para que cuando tengas hijos no crezcan con los valores de esta sociedad” Es increíble que ahora los padres les pidan a sus hijos que estén lejos. Pero qué podemos esperar cuando la sociedad hermosillense ha generado un ambiente en el cual tener familia es un lujo o donde las familias de la clase media y trabajadora son expuestas al fuego accidental del descuido de aquellos que si tienen para costearse guarderías particulares donde los extinguidores no faltan y están ubicados en lugares seguros. Clasificar el delito como homicidio culposo es aceptar que en esta sociedad la vida de los niños de este estamento social de la clase política valen más que la de los hijos de los obreros y por lo tanto seguir retrocediendo en la historia. Lo que sucedió en Hermosillo el 5 de junio del año pasado es un homicidio grave, porque aunque no sea planeado, porque qué empresario quiere mala publicidad para su negocio, si fue cometido con desprecio; con el mismo desprecio que en los Estados Unidos se usaba para separa las escuelas de blancos y las de negros, dándole a los segundos las peores instalaciones donde cualquier accidente pudiera suceder. En este sentido permitir que los negligentes culpables de esta tragedia salgan por unos dos mil pesos de fianza es minimizar la magnitud no solo de la tragedia sino también la decadencia de valores a la que ha caído nuestra sociedad.
Sé que probablemente usted pertenezca a esta clase estamentaria privilegiada por la clase política y que bajo el discurso de que vivimos en un Estado de Derecho se justifica para darle a los responsables del accidente un veredicto en el cual su delito se clasifique como culposo. Por eso le hago las siguientes preguntas: ¿Qué Estado de Derecho real permite la existencia de estamentos sociales como en la edad media? ¿En qué Estado de Derecho existe una clase social privilegiada que ésta por encima de la ley? En este sentido apelo a su ética, a su moralidad - entiéndase moralidad no como esa serie de normas sociales de las señoras que salen en la sección de sociales de El Imparcial posando para la foto de baby shower, sino como la serie de conductas que marcan los limites de las acciones de los individuos para poder convivir en sociedad- y a su inteligencia para poder entender que es momento de hacer cambios en nuestra manera de interpretar las leyes y que en esta ocasión apegarse al librito es darle la espalda a la sociedad, a la historia y a lo que tenemos de humanos.
Atlántico – Barcelona
Enero del 2010
Enero del 2010
