
Un caballero regresa a su país después de haber ido a las cruzadas en la defensa de su Dios en tierra “santa”. Pasa diez años fuera de sus mujer y nunca pudo tener un heredero. En la fría playa de su país está tendido su escudero, un hombre racional e instruido que con ironía ve todo, la vida y la muerte. El escudero duerme en la arena mientras su señor tiene un encuentro con la muerte. “¿Juegas ajedrez?” “Claro, como lo supiste” “Lo he escuchado en canciones. ¿Jugamos?” “Pero de todos modos te tendré que llevar.” “Lo sé, pero quisiera más tiempo para poder descubrir para que ha sido la vida. Te tocan las negras.” “¿No te parecía obvio?” Despierta el escudero con la patada que su señor le da en el trasero. La peste azota a los pueblos ahora que todos los caballeros regresan de las cruzadas y el camino que siguen ellos no es la excepción. En una iglesia se detienen para que el caballero rece un poco, o más bien para que se confiese con la muerte vestida de sacerdote que ha perdido la fe, que tiene miedo a morir porque no sabe que hay después de la muerte, porque le teme al vacio. Salen del pueblo y en el camino se encuentran con una pareja de juglares que apenas se gana la vida. Estos se llaman María y José, tienen a un hijo llamado Miguel. José tiene la capacidad de ver espíritus, pero por su posición en la sociedad estamental nadie le cree, ni siquiera su esposa. Los juglares acompañan al caballero por el bosque para estar más protegidos y para alegrarle la vida al caballero que en ellos ha visto el sentido de la vida. La muerte está a punto de ganar la partida de ajedrez y eso lo sabe el caballero. En el bosque cont
inúan el juego. José los ve. El caballero se da cuenta que los ve sin que la muerte se percate. Distrae la atención de su compañera de juego para darle tiempo a los juglares de escapar. “¿Por qué sonríes? Parece como si me ocultaras algo, como si me hubieras vencido. Jaque mate. La próxima vez que me veas te llevare a ti y a quienes estén contigo.” El caballero llega a su castillo y la muerte toca a la puerta mientras cenan. El escudero abre la puerta y la deja entrar. El caballero quiere ponerse a rezar porque no puede creer en el vacío, el escudero le dice que no hay remedio que callar y aceptar el vacío cuando este llega. A lo lejos José ve a la muerte bailar con el caballero, el escudero y demás invitados del caballero en su castillo.
Cuando vuelven las guerras “santas” hay que recordar a la muerte nuevamente… esta no tiene religión y es una aduana inevitable para todos. Incluso para los coroneles del imperio americano tanto gringos como israelís. Para entender mejor esto ver el “Séptimo sello” de Ingmar Bergman a la mejor con esto se dejan de creer inmortales emo blogueros letrosos.
inúan el juego. José los ve. El caballero se da cuenta que los ve sin que la muerte se percate. Distrae la atención de su compañera de juego para darle tiempo a los juglares de escapar. “¿Por qué sonríes? Parece como si me ocultaras algo, como si me hubieras vencido. Jaque mate. La próxima vez que me veas te llevare a ti y a quienes estén contigo.” El caballero llega a su castillo y la muerte toca a la puerta mientras cenan. El escudero abre la puerta y la deja entrar. El caballero quiere ponerse a rezar porque no puede creer en el vacío, el escudero le dice que no hay remedio que callar y aceptar el vacío cuando este llega. A lo lejos José ve a la muerte bailar con el caballero, el escudero y demás invitados del caballero en su castillo.Cuando vuelven las guerras “santas” hay que recordar a la muerte nuevamente… esta no tiene religión y es una aduana inevitable para todos. Incluso para los coroneles del imperio americano tanto gringos como israelís. Para entender mejor esto ver el “Séptimo sello” de Ingmar Bergman a la mejor con esto se dejan de creer inmortales emo blogueros letrosos.


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