Desde la entrada haciendo cola para entrar entre turistas gringos, alemanes, franceses y gente tica del mundo, ya se veía que la cosa nostra y el cartel de Sinaloa iban a hacer algo ilegal. En un descuido fueron a tomarse una foto con la estatua que emula El autorretrato de Miró bichi en la entrada. Digo bichi porque como casi todas las esculturas del maniaco este, por lo menos las que aludían a un ser humano figurativamente, todas tenían un falo, a veces más grande o a veces más pequeño, pero
este órgano nunca faltaba. A la hora de pagar, a webo, buscaron el descuento, que porque somos estudiantes, que porque no trabajamos, que porque creemos que la pinche cultura, la educación y la salud deberían ser gratis para todos; pues bueno, que l
es daban su descuento. La cosa nostra pagó dos por uno porque la madrina estudia en la UB y el cartel pues pagó la mitad porque cruzó el charco sin vieja (aunque ya los lasos mercantiles entre la cosa nostra y el cartel están firmando un acuerdo sanguíneo para hacer de estos negocios algo más familiar, como diría el padrino). Pero no conformes con eso, los presuntos capos solo pagaron la visita por las exposiciones temporales; la cual restringe su acceso a las exposiciones permanentes. Toman los audífonos de las exposiciones guiadas y andan por allí con cámara en mano. Una foto aquí, una foto allá… “No está permitido tomar fotos.” “¿Ni sin flash?” “No, tampoco.” “Bueno.” A la chingada pagamos cuatro euros. Ponte pa la foto… espera a que no esté… ya chingamos… tómale una a este cuadro de Hooper y a este de Rhodko… mira el ruco ese baboso, se la tomo con flash… pues
llegamos al final de la sala temporal. Que era de la modernidad norteamericana, detalle que había olvidado mencionar. Seguían las salas de Miro, por las cuales no habían pagado y una morra banda a la gachupina estaba checando los tickets en la entrada. Mierda, se les acababa el recorrido, pero como buenos mañosos no perdían nada por preguntar. “Pues con ese ticket nada más pueden ver la sala que vieron y la trece que esta allá” “¿Entonces podemos pasar?” “Si, pero nomas la vean se devuelven.” Si chuy y tu paleta de que la quieres, hablabas con mexicanos e italianos de los más buscados en los museos por malapagas. “Gracias. Vamos a pasar y ahorita volvemos.” Continuaron su recorrido, ahora ilegal. “Oye no puedes tomar fotos.” “Perdón, no sabía” Si como no. “Pero puedes tomar video” “¿En serio?” “Si.” “¿Y con esta cámara?” “Si.” Ya les dio permiso el baboso. La, la, la, y allí van los sinvergüenzas tomando video. Y otro. “No puedes tomar fotos.” “Estoy tomando video.” “Tampoco se puede.” “Ahorita me dijeron que si.” “Pues te informaron mal.” Pues quien chingados los entiende. “Bueno.” Pues por putos les van a tomar fotos a todo el pinche museo. Lo que han de querer es que al salir les compren el libro que vale 53 euros. Están pero si bien soquetes, si ya se colaron a la exposición permanente, ahora les van a tomar fotos a todo el museo. Aguas, ahí viene el culero… quédate aquí pa que me tapes… rápido, tómale, ahorita esta diciéndole que no tome fotos a una inglesa que si le va hacer caso… ¿qué onda, un cafecito en el bar? “¿Sabes qué, hay que comprarles algo pa que no se agüiten?” “Yo quiero comprarles El autorretrato.” “Yo haber.” Los capos asaltan las tiendas del museo y la cosa nostra no encontró la estampa de El autoretrato, pero igual se compro otra. Mientras que el narco como buen nacote se compro el poster de La botella de vino y la estampa de L’or de l’azur. De esta manera lo que la cosa nostra y el cartel no pagaron de entradas se lo baja
ron en chingaderas que ahora tiene en sus pisos.
llegamos al final de la sala temporal. Que era de la modernidad norteamericana, detalle que había olvidado mencionar. Seguían las salas de Miro, por las cuales no habían pagado y una morra banda a la gachupina estaba checando los tickets en la entrada. Mierda, se les acababa el recorrido, pero como buenos mañosos no perdían nada por preguntar. “Pues con ese ticket nada más pueden ver la sala que vieron y la trece que esta allá” “¿Entonces podemos pasar?” “Si, pero nomas la vean se devuelven.” Si chuy y tu paleta de que la quieres, hablabas con mexicanos e italianos de los más buscados en los museos por malapagas. “Gracias. Vamos a pasar y ahorita volvemos.” Continuaron su recorrido, ahora ilegal. “Oye no puedes tomar fotos.” “Perdón, no sabía” Si como no. “Pero puedes tomar video” “¿En serio?” “Si.” “¿Y con esta cámara?” “Si.” Ya les dio permiso el baboso. La, la, la, y allí van los sinvergüenzas tomando video. Y otro. “No puedes tomar fotos.” “Estoy tomando video.” “Tampoco se puede.” “Ahorita me dijeron que si.” “Pues te informaron mal.” Pues quien chingados los entiende. “Bueno.” Pues por putos les van a tomar fotos a todo el pinche museo. Lo que han de querer es que al salir les compren el libro que vale 53 euros. Están pero si bien soquetes, si ya se colaron a la exposición permanente, ahora les van a tomar fotos a todo el museo. Aguas, ahí viene el culero… quédate aquí pa que me tapes… rápido, tómale, ahorita esta diciéndole que no tome fotos a una inglesa que si le va hacer caso… ¿qué onda, un cafecito en el bar? “¿Sabes qué, hay que comprarles algo pa que no se agüiten?” “Yo quiero comprarles El autorretrato.” “Yo haber.” Los capos asaltan las tiendas del museo y la cosa nostra no encontró la estampa de El autoretrato, pero igual se compro otra. Mientras que el narco como buen nacote se compro el poster de La botella de vino y la estampa de L’or de l’azur. De esta manera lo que la cosa nostra y el cartel no pagaron de entradas se lo baja
ron en chingaderas que ahora tiene en sus pisos..jpg)
Moraleja: No hay seguridad en ningún museo que pueda contra la desobediencia de dos pueblos que por tradición viven del crimen organizado.

1 comment:
inche Hermes!!!!
a webo!!!!!
jajajajaja
no hay nada que hacer, moraleja!!!
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